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Novak Djokovic le puso la guinda que le faltaba a su temporada en el Masters 1.000 de París-Bercy, el primer torneo de esta categoría que consigue este año y que lo certifica como el tenista más en forma de la recta final del curso.



El serbio, tercer mejor jugador del mundo, derrotó con más dificultades de las previstas al francés Gael Monfils, 15º, por 6-2, 5-7, 7-6 (3), en dos horas y 43 minutos de juego. Tras una semana de tenis intenso, Bercy se resolvió en un juego de desempate que ganó el que tuvo más experiencia en este tipo de ejercicios.

Y no fue Monfils, que cometió una doble falta en la primera bola de partido de su rival. A una semana del torneo de Maestros que reunirá en Londres a las ocho mejores raquetas del ránking, Nole logró su mayor victoria de la temporada y presentó su candidatura al título de maestro de maestros que logró hace un año en Shanghai.

El de Bercy es su segundo triunfo consecutivo, tras el logrado hace una semana en Basilea frente al local Roger Federer, número uno del mundo. También ganó en Pekín y alcanzó las semifinales de Shanghai y del Abierto de Estados Unidos. Ningún otro tenista iguala su esprint final. Para alzar el título de París, Djokovic tuvo que emplearse a fondo, más que en ninguno de los encuentros anteriores, pese a que por el camino dejó a tenistas de más peso que Monfils, como el sueco Robin Soderling, noveno favorito, o el español Rafael Nadal, segundo, al que derrotó en un partido impresionante de fuerza y precisión.

El serbio se llevó una final en terreno hostil, porque los casi 15.000 espectadores que abarrotaron el Omnisport de Bercy estaban dispuestos a contribuir con su aliento a que el trofeo no saliera de Francia, algo que el año anterior había conseguido Jo-Wilfried Tsonga. Monfils les dio esperanzas, forzó un tercer set y por momentos dio la sensación de poder ganar por agotamiento del rival, que a medida que pasaban los minutos multiplicaba los gestos de fatiga.

Pero al francés le faltó algo de tenis y de experiencia para llevarse su primer Masters 1.000 en la primera ocasión que accedía a una final de este tipo. El parisino puede irse contento de haber terminado el mejor torneo de su vida y haberlo hecho de forma brillante. Monfils ha dado un paso más en su maduración. Es ya el segundo mejor francés -por detrás de Tsonga y por delante de Gilles Simon- y su juego gana enteros y solidez.

Lejos queda el tenista atolondrado e irregular que buscaba más el espectáculo fuera que dentro de la pista. De ello puede dar buena cuenta Djokovic, que tuvo que tirar de sus últimas reservas para ganar, a la quinta, su primera final de Masters 1.000 del año. El serbio había impresionado en Bercy y nadie le creía cuando afirmaba al final de cada partido que estaba al borde de sus fuerzas. En el tercer set de la final aquellas amenazas se convirtieron en realidad y Nole estuvo a punto de tirar el partido agotado.

Y nada hacía prever tal batalla al inicio. Parecía que el expreso Djokovic iba a atropellar a Monfils cuando en media hora ya había ganado un set. Las sospechas se confirmaron cuando comenzó el segundo con un 3-0 a favor. Pero en ese momento el expreso descarriló, se salió del partido y se quedó a merced de un TGV, el de Monfils, más lento pero igual de seguro. El francés sumó otros tres juegos consecutivos pero, sobre todo, hizo dudar a Djokovic.

El serbio ya no lo tenía tan claro y el set parecía más al alcance del francés. Nole no encontraba energía y Monfils sólo tenía que levantar los brazos para que Bercy acudiera a su rescate. "¡Más madera!", parecía gritar el galo cada vez que quería acelerar su ritmo. Y a golpe de acelerón acabó forzando la tercera manga.

Un set en la que la fatiga acabó con el buen tenis y los dos acumularon errores, cedieron su saque constantemente para acabar abocados a un juego de desempate final. Un último duelo que venció quien tuvo la sangre más fría.













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