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Bobby Robson, quien acaba de morir a los 76 años, deja una honda huella en la historia del fútbol europeo por su desempeño como entrenador del seleccionado inglés y en clubes de su país, Holanda, Portugal y España.

Bobby Robson (foto de archivo)

Bobby Robson murió a los 76 años tras una larga batalla contra el cáncer.

El respeto que se le tiene, casi unánime, se debe tanto a sus considerables méritos profesionales como a su personalidad afable, respetuosa de los demás, y a su valentía y tenacidad en la lucha contra el cáncer, que en diferentes manifestaciones lo afectó desde 1991.

Su trayectoria y su personalidad ofrecen un nítido contrapunto con las de otro gran técnico de su época, Brian Clough, el célebre entrenador del Nottingham Forest, que ganó dos veces la Copa Europea.

En los comentarios y análisis del fútbol inglés de los últimos 40 años los nombres de Bobby Robson y Brian Clough suelen aparecer en pareja, porque representan dos caras de la misma moneda, dos estilos paralelos.

Muchos dicen que Clough era genial, mientras que Robson fue convencional, pero esa división de tareas es más cómoda que útil.

Después de todo, también se cree que Clough habría sido un fracaso en las ligas extranjeras, donde Robson fue muy admirado y respetado.

Robson era afable y modesto, mientras que Clough (fallecido en 2004) era agresivo y vanidoso. Robson se mantuvo al frente del seleccionado inglés desde 1982 hasta 1990, en buena parte porque la burocracia había demonizado a Clough, cuya ilusión siempre fue entrenar al seleccionado.

En dos ocasiones Robson ofreció su renuncia, tras sendos papelones en los campeonatos europeos de 1984 (no pudo clasificar) y 1988 (último en su grupo), pero los burócratas lo confirmaron, para no llamar a Clough.

De los más exitosos

Pero a pesar de este papel, secundario en la comparación con su brillante contemporáneo, Robson fue uno de los seleccionadores más exitosos de la historia moderna del fútbol inglés, sólo superado por Alf Ramsey, ganador del mundial de 1966.

Al técnico le fue mal en las Eurocopas pero bastante bien en los mundiales, al menos en comparación con otros técnicos.

En el mundial de 1986, su equipo cayó (2-1) en cuartos de final ante Argentina. Dos goles de Maradona, uno con la mano y el otro con el pie, condenaron al equipo inglés, pero "la mano de Dios" también salvó el prestigio del técnico, quien siempre alegó que Inglaterra merecía llegar a semifinales.

Cuatro años después, en el mundial de Italia, Inglaterra llegó por fin a semifinales, su mejor resultado aparte del título como local.

Su vencedor en esa ocasión fue Alemania, que ganó en una definición por penales (¡cómo siempre!, dicen los ingleses), tras empatar en un gol en el tiempo reglamentario.

Tres ligas extranjeras

Robson nunca ganó el campeonato inglés como entrenador de clubes (dirigió sucesivamente al Fulham, Ipswich Town y Newcastle United), pero se distinguió en tres ligas extranjeras.

Con el PSV Eindhoven ganó la liga holandesa y con el Porto la portuguesa. Al frente del Barça (1996/97) ganó la Copa del Rey, la Supercopa Española y la Recopa Europea.

En Barcelona, donde se hizo entender a través de los buenos oficios de un intérprete portugués, un tal José Mourinho, que le recordaba "al bueno de Clough", Robson trató en vano de reemplazar al irreemplazable Johan Cruyff.

En consecuencia, todos le agradecieron su "señorío", pero no le reconocieron como merecía el buen trabajo que hizo al frente del equipo.

Esta ambigüedad en el reconocimiento ha seguido a Robson durante toda su carrera profesional. Casi todos los comentaristas coinciden en que Clough fue mejor técnico, mientras que Robson era mejor persona.

"buena persona"

En realidad, los amigos de Robson solían recordar muchos casos de firmeza de carácter y hasta arbitrariedad del personaje, independientemente de su condición de "buena persona".

Pero así se dan los estereotipos. Y éste no va a cambiar nunca.

En realidad, Clough sabía como publicitar sus indudables méritos y su estilo de conducción era despiadado y dictatorial, algo totalmente diferente al enfoque de Robson, que solía pedir las cosas por favor.

Este tipo de elogios, que desmerece al mismo tiempo, debía dolerle mucho, pero no se quejaba, demostrando el temple moral que también desplegó en su prolongada batalla contra el cáncer.

Los periodistas han perdido la cuenta de las operaciones quirúrgicas a las que se sometió (la cuenta varía entre cinco y siete), entras ellas una para extirparle un tumor cerebral.

Después de cada intervención, Bobby Robson reaparecía en su trabajo de turno, con la misma sonrisa y la misma buena disposición de costumbre.

La reina concedió el tratamiento honorífico de "sir" a este hijo de un minero del carbón, que al comienzo de su carrera profesional como futbolista, en el Fulham FC, siguió trabajando en su oficio de electricista.

Pero nadie habla de Sir Robert William Robson. Para todos sigue siendo Bobby Robson, o Sir Bobby, como a él le gustaba.

El brillo de Bobby Robson fue el del trabajo y la modestia, sin las estridencias a las que nos han acostumbrado los técnicos a la moda.

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