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Estalló el San Paolo

En su estadio repleto, Nápoli jugó ante Inter como si se tratara de una final de Champions League y, con grandes actuaciones del argentino Lavezzi y de los uruguayos Zalayeta y Gárgano, le ganó con justicia


ROMA (ESPNdeportes.com) - Lo había dicho el presidente del Nápoli, De Laurentis: "Para nosotros es como una final de Champions League, el partido más importante del año". Así lo sintió también el público napolitano, que concurrió masivamente y llenó el estadio San Paolo. Lo que más importa, así lo sintieron los jugadores, que dejaron realmente todo en la cancha y le ganaron al puntero por 1 a 0, con el gol tempranero del uruguayo Marcelo Zalayeta. Podría decirse que, para vencer a un equipo de sudamericanos, fue necesario otro cuadro con muchos de ellos, puesto que, además del autor del gol, Lavezzi y Gárgano fueron fundamentales para el triunfo. Este resultado pone otra vez todo en discusión: el Inter, con 61 puntos, sigue teniendo 6 de ventaja sobre la Roma pero su crisis, que era evidente a nivel de juego desde hace varias semanas, comienza ahora a volverse también de resultados: el equipo perdió el invicto y no gana desde el partido ante Livorno. Nápoli, por su parte, ahora tiene 33 unidades y ocupa en soledad la onceava plaza, pero con una performance así puede sacar moral y confianza como para tratar de escalar más posiciones. El triunfo del Nápoli fue correcto y hasta debió haber llegado por más goles: Julio César fue la figura de su equipo, le detuvo un penal a Zalayeta y les ahogó el grito del gol por lo menos cinco veces a los rivales, mientras que su colega Gianello tuvo que esforzarse una sóla vez, en la primera etapa, cuando rechazó con el pie un remate de Suazo, el único peligro creado por el Inter en los 90 minutos. Desde un comienzo se pudo apreciar que para el Nápoli iba a ser una noche especial: los hombres celestes corrían el doble que sus rivales, presionaban en toda la cancha y se movían siguendo a la perfección el dibujo táctico elegido por su entrenador Eddy Reja. En frente, el Inter manifestó desde un comienzo sus dificultades, máxime porque Roberto Mancini erró una vez más el once inicial, un presumido 4-3-3 con Figo, Balotelli y Suazo integrando el tridente. El gol llegó enseguida: Gárgano robó en la mitad de la cancha, con el Inter desequilibrado hacia adelante, y metió el pelotazo para la corrida de Lavezzi, quien se bebió a Materazzi en el pique. Julio César salió pero no podía tomar la pelota con las manos porque estaba apenas afuera del área y entonces quiso rechazar de pie, pero lo hizo muy mal y la pelota le quedó servida a Zalayeta, quien llegaba a la carrera y anotó con un espectacular remate por arriba, que se cayó justo debajo del travesaño. Se esperaba una reacción del Inter, pero nadie hacía juego en el medio porque Maniche, Pelé y Vieirá son hombres de quite y no de armado mientras que, adelante, Figo no encontraba con quien asociarse y el pibe no ganaba nunca. Mancini probó a cambiarles los carriles a sus aleros, pero sin resultados. Así y todo, un rebote le dejó el arco abierto de par en par a Suazo, pero su remate rasante fue rechazado por Gianello, como ya contamos arriba. Fue la única reacción visible del Inter, mientras que el Nápoli, con un Lavezzi extraordinario e imparable, un Zalayeta también muy enchufado pero especialmente un enorme Gárgano en el medio (muy bien ayudado por Blasi y Hamsik, por cierto), seguía creando una ocasión tras otra. Al final de la primera etapa contabilizamos por lo menos 5 claras, incluyendo un milagro de Julio César en ocasión de una pifia clamorosa de Materazzi, que se iba a meter como el más clásico de los goles en contra. En la segunda etapa el Nápoli pareció sentir el cansancio de tanto despliegue, mientras que el Inter cambiaba otra vez todo, con los ingresos de Zanetti, Crespo y luego Jiménez. Para señalar la enésima lesión de una serie que ya parece infinita: Chivu se sacó el hombro y está en duda en función Liverpool. Pero ni los cambios de Mancini, ni el evidente cansancio local tenían el poder de cambiar la inercia del partido. El Nápoli siguió siendo más peligroso y propositivo, mientras que el Inter disputaba un poco más el control del balón pero sin ideas ni otras iniciativas que no fuesen los centros a la olla de Maicón desde la derecha. Aún en esta segunda etapa el local tuvo las chances más claras, porque Lavezzi seguía haciendo estragos en la defensa rival y nadie podía con él: clamorosa, obviamente, fue la del penal desperdiciado por Zalayeta, o mejor dicho atajado brillantemente por Julio César, quien con eso se confirmó como el mejor de los suyos a pesar del error inicial. El penal había sido correctamente concedido por la falta del mismo guardavalla contra Gárgano. La sensación de que Inter pudiera igualar llegaba más por la vieja regla futbolera "gol errado gol sufrido" que por la real produción del equipo visitante. En el final el Nápoli, empujado por su increíble público, apretó los dientes y terminó defendiéndose en la mejor manera, es decir manteniendo el balón lejos de su área y siempre cerca de la portería rival: en efecto, las últimas ocasiones también fueron para los locales, que se fueron festejados estruendosamente por su fantástico público. Lavezzi fue, sin dudas posibles, la gran figura de la cancha.

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